31 May
31May


Uno de los secretos más importantes de la sanación del alma, es decir, encaminarnos a irnos liberando de cargas innecesarias emocionales y de pensamientos falsos que lo único que hacen es escondernos nuestra verdadera identidad, es verdaderamente, y no solo de palabra, practicar la compasión y la misericordia. Lo sanador es aprender a amar. Las enfermedades del espíritu y las enfermedades mentales si de algo nos alejan es del amor, y en el verdadero amor está nuestra salvación y curación de estas enfermedades. El amor nos sana la mente, pero también nos une a los demás y a Dios.

La palabra compasión se ha hecho famosa por el cristianismo y el budismo. Ambos se han acercado a describir una experiencia humana que supone lo que se ha dicho ya en al filosofía cristiana, la posesión de sí mismo. Es decir, para ser compasivos hemos de aprender a estar centrados en el aquí y el ahora. Supone la capacidad de sentir nuestro cuerpo, sus sensaciones, aprender a calmarnos (usando la respiración), centrarnos a intentar comprender antes de ser comprendidos (como diría San Francisco de Asís). Implica aprender a estar centrados en el cuerpo con la conciencia psicológica más plena que podamos, y desde ahí mirar al otro en su sufrimiento. 

¿Cuál sería la diferencia con la misericordia? En realidad se parecen, pero misericordia tiene un sentido más allá de lo humano. Es más un forma en la que Dios se revela a sí mismo. Y que supone, claro, la compasión, pero es como una invitación a profundizar más, a amar al otro por amor de Él. En hebreo la palabra "misericordia" recuerda más las entrañas de madre que se conmueven con ternura y dolor por el sufrimiento de su hijo pequeño. Es por ello que la misericordia desde luego que supone la compasión pero nos invita a amar como una madre, como Dios nos ama. Además aunque la compasión también tiene el impulso de ayudar, en la palabra "misericordia" como se ha transmitido tiene un sentido práctico más marcado, a una práctica más intensa de amor materializado en lo concreto. De ahí que se hayan recomendado siempre las 14 obras de misericordia, 7 corporales y 7 espirituales. Jesús mismo (Mt 9, 10-13) resalta el valor de la misericordia frente a los fariseos amantes del cumplimiento de la ley, que supone cumplir el deber por orgullo, para sentirse bueno... No necesariamente para SERLO, confusión que en algún momento todos hemos padecido. 


Para emprender este camino necesitamos aprender a vivir en el cuerpo. Una forma clásica de comenzar es afinando nuestros sentidos a través de la práctica del contacto con la naturaleza. Aprendiendo a sentir, ver, oler, saborear y escuchar.

Después debemos aprender a respirar y controlar nuestra respiración. Aprendiendo eso será importante continuar aprender ahora a observar nuestro cuerpo y mente sin juzgar.

A continuación podemos ver cuales son los elementos que la ciencia ha descubierto como elementales del aprendizaje de la compasión: 





Los tres elementos básicos de la compasión son la amabilidad contigo mismo, como contrapuesta a la autocrítica, al autojuicio moral, a la condena, al ataque, que proviene de nuestro yo ideal, u orgullo... para aceptar otro camino para tratarnos bien. 

La humanidad común se refiere a vernos a nosotros mismo como humanos, entendiendo que todo persona sobre la tierra tiene límites, y que errar es humano. Como humanos experimentamos todos en el fondo los mismos retos, las mismas emociones y tenemos las mismas necesidades de fondo. 

La conciencia corporal y mental es una parte integral, necesitamos estar presentes en nuestras sensaciones, emociones y pensamientos pero en un estado de soltura corporal que permita no sobreidentificarnos con ellos, para podernos observar con distancia.

Para profundizar recomendamos el libro de Kristin Neff: 

En el siguiente enlace puedes hacer un test de autocompasión, como todos los test de autoreporte tiene el problema de que no solemos ser muy objetivos para juzgarnos a nosotros mismos. Por lo que te recomiendo contestarlo contrastando con lo que una persona que te conozca bien vea en ti.

Enlace al test: https://www.mindfulnessyautocompasion.com/test-autocompasion


Finalmente, recomendaria encarecidamente que pudiéramos meditar u orar la oración de San Francisco que nos enseña finalmente la misericordia, siendo instrumentos de la paz de Dios. Orar con los ojos cerrados saboreando consciente y lentamente, ayudándonos a sentir lo decimos... para aprender lo que significa. Es decir, sentirlo. 

También hacer la meditación al estilo de SAN IGNACIO, utilizando el escenario del abrazo del hijo pródigo... Es decir, imaginándonos ser como el hijo que regresa y siente en su cuerpo y en su interior el abrazo misericordioso del Padre. 

La misericordia o el amor entrañable que está dispuesto a hacer algo por el otro movido por el amor de Dios es por definición un don de la gracia. Por eso hay que pedirlo y mantenernos en su gracia. Pero por más que lo pidamos con las palabras es necesario disponerse a aprenderlo, porque si no, es como pedirlo con la palabra y rechazarlo con la acción.




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